Según dicen los expertos, el montón de muertos es de 30 mil, suena a muchos, es como llenar el estadio Olímpico Universitario bien llenecito hasta la cancha que no quepa ni un alfiler y masacrarlos a todos, inundarlo de sangre.
No más sangre, no más violencia, treinta y cuatro mil muertos ya cuentan entre los caídos únicamente este sexenio en aras de abolir el tráfico de sustancias ilegales, quizá al principio el orgullo del presidente no le impidió ver el tamaño, resistencia y valor de sus enemigos, el calibre de las armas que mataría a “su gente”, todos mexicanos, no importa de qué lado se juegue, la marina, el ejército, la fuerza aérea, la policía federal, los sicarios, los zetas, los guerrilleros, las mulas, los traficantes de armas, todos, unos con el amparo de la constitución y otros con el amparo de la sociedad, de la civilidad.
México en la veintena de décadas, se ha configurado día a día y a sombrerazos, desde los cacicazgos hasta los gobernadores de hoy en día, la estructura de poder y de autoridad se han fundido en una misma figura, generando la peor de las amalgamas posibles para el libre paso de la legalidad, legalidad que se pretende con el único afán de tener estabilidad t punto de partida, una balanza donde todos pesemos lo mismo (luego creo que ni es necesario o de plano utópico), en este país todo absolutamente todo es posible, los derechos humanos aquí no son necesarios, cuando nos gobierna un cerdo, una vaca nos corrige y los borregos siempre celebran barbacoa.
Dijo alguna vez, el ahora Premio Nobel Vargas Llosa, México ha institucionalizado la corrupción, a la apatía de mejores convicciones nos hemos declarado un lugar estéril al progreso, destellos como estrellas fugaces nos seducen con la idea de compañerismo, con izquierdas vendidas y sin libre albedrio, con mesías que viene en su alucinante viaje por las entrañas de raza de bronce hacen el gasto para olvidar el camino andado, y refugiarse una y otra vez en la impunidad, en los crímenes, en el poder, en el pueblo que nunca se cansará, de andar por el camino escabroso, siempre resiste, soporta bajezas e insultos a su inteligencia, no sé si tengamos el gobierno que nos merecemos, pero como sociedad civil somos una porquería.
El Narcotráfico es el nombre que se le da al gran problema (qué más que narco es trafico), que durante años fue solución de muchas localidades en el país, he escuchado de poblaciones que gracias al dinero sucio y mal habido con el sudor de narcotraficantes mexicanos, mexicanos sin empleo u oportunidades en sus lugares de origen, han logrado activar economías locales, con la construcción de Iglesias, Kioscos, plazuelas, del mismo modo que un montón de gobiernos hicieron para salir de la última crisis, el narco, ha permitido la vida, ha llevado el dinero y sustento, a lugares donde los Alcaldes solo iban a suplicar el voto.
A ver si me explico, de poco importa que caiga un capo, hay como veinte igual de capacitados esperando su sueldo, no su puesto, su sueldo, el jefe de jefes es quien puede pagar a los jefes, nada está prohibido y todo los que somos corruptos y arreglamos las cosas con Don Billetín, antes que con la autoridad competente, pertenecemos a esa sin fin de oportunistas que lo único que tiene dinero.
El ejército mexicano es subsidiado por el resto de los mexicanos, el narco mexicano es subsidiado por el resto de los narcos, su línea de crédito es mucho más alta que la del país, el narco mueve un número infinito de mercancías a TODO el mundo y desde TODO el mundo, (o qué piensas que los DVD piratas que compras son legales y llegan solitos al mercado) si alguien puede sacar partido de la globalización es el narco, la estructura de poder no está dada a través de una pirámide encabezada por fulanito de tal, no, la estructura es la misma que se adopta en las empresas capitalistas, son amos y señores de outsourcing, todos son agentes libres capaces y dispuestos a hacer lo que se pida, por un precio razonable.
Quizá sea solo una ilusión, es triste porque si se está hablando de cantidades industriales de dinero, dinero que ayudaría, que ayuda, que mata.
Es triste porque se habla de un presidente con una lucha que aniquila y masacra las esperanzas de un mejor país.
Es triste porque la historia la escriben los vencedores, y nosotros somos los agachados, más por esquivar balas que por no alzar la voz.
Es triste porque me hace pensar que a los mexicanos, no nos pertenecen nuestras vidas.
Soportar un poco de inseguridad, es el menor de los conflictos, mancharse un poco de sangre, es entendible, Felipillo debe entender que no existe ninguna guerra capaz de terminar con la guerra.