jueves, 25 de julio de 2013

La verdad.


Soy un mentiroso.

Me gusta mentir, me es natural, gasto la mayor parte del tiempo inventando respuestas a preguntas que me ponen una situación cada vez más incómoda, afortunadamente la mayoría de las ocasiones nada de eso sale de mi cabeza. Tampoco es que sea necesario, bastantes de esas mentiras se han filtrado por mi boca, a decir verdad, todas. Cada hecho de mi vida (afortunado o no) parece consecuencia de alguna mentira.

Esta es la confesión de un mentiroso, que como tantos se ha valido del único talento que tiene en la vida para progresar, para alcanzar sus deseos, los profundos y los superficiales, sin embargo, el éxito de todas mis empresas, es en realidad gracias los tiempo modernos, me refiero a que son otros y no yo los culpables de no detenerse a pensar si lo que digo es verdad, igual después de un rato cualquier cosa que diga no parecerá mentira. Es decir las costumbres hacen a las verdades, tampoco estoy culpando a los crédulos o quienes se declaran incrédulos, nadie tiene la culpa, quizá es el medio, soy parte de él, soy parte de todo, finalmente todo tiene una pizca de verdad, un cachito de mentira, finalmente no hay absolutos, al día siguiente todos los absurdos, son también probables.

El asunto es que miento, lo hago todo el tiempo, no sé porque, estoy casi seguro de que la primera vez que mentí no tenia necesidad de hacerlo, en el fondo soy bueno, ni siquiera me gusta engañar, pero me gusta mentir, es decir, no tengo ninguna intención de que crean que soy mejor o peor de lo que digo, tampoco preciso burlarme de ingenuidad o la bondad, desde luego también soy bondadoso e ingenuo, pero mentir es sabroso, insisto, no por engañar, porque te crean, porque soy adicto a ese sentimiento de vergüenza que hace qué se te llene la cara de colores, ese riesgo de que te cachen, y no te cachen, más bien ese límite en el que la gente decide no creer.

Miento para conocer a la persona sin lo políticamente y socialmente adecuado. Miento para conocer verdaderamente a una persona detrás de sus mentiras.

Y es que mentir no es un asunto vulgar, no gira al rededor de la sinceridad o de la bondad, es en realidad un asunto de dilatar las verdades. Decir verdades es como andar escalando por difíciles pero solidas montañas de circunstancias, certezas; mentir en cambio, es caminar por la cuerda floja entre punta y pico, entre montañas lejanas, trazar una linea fantasiosa y aventurarse a caminar por ella hasta que alguien deje de creerme y caiga en una vertiginosa muerte, he incluso ahí como el mismo hombre araña me tenderé otra liana-mentira, para respirar, sentir la caída y mantenerte a salvo se siente bien, es decir, eso lo bonito con mentir, que en el fondo, según mi experiencia, todos quieren creer, más que eso, todos creen.

Me parecer ridículo que alguien que sepa leer no sepa mentir, pero, sin embargo lo diré, mentir es decir algo que crees junto con un montón de cosas que podrías creer, si de pronto no puedes creer en nada, todo es más fácil, sólo tendré que decirte cosas que podrías creer (así funciona la ciencia). De hecho seguro estoy todos contamos mentiras aunque no lo sabemos o no lo hacemos consciente, y repetimos las mentiras en las que decidimos creer, así hasta que después de mil años se convierten en verdad, no hay verdad más absoluta que una mentira disciplinada (así funciona la fe).

No engaño a la gente, sólo miento, es como cuando leo un libro, hay cosas que definitivamente sé que son mentira, como la ciencia ficción y decido seguir con la lectura, considero todo el ambiente, aunque se que es mentira, y sigo con la historia, con el cuento, incluso cuando lo termino de leer a base a eso construyo preguntas que pueden ser ciertas o no, como, si Wolverine y Superman pelearan quien gana, o quien es más puto/puta el Henry Chinaski de Bukowsky, o la Sabina de Kundera, son cosas que no tienen sentido en el mundo real, nunca son preguntas que alguien quiere saber de verdad, pero responderlas implica una audacia y re-disfrute de los detalles, de los porqués y de los por quienes, son lianas-mentiras que te salvan de la realidad.

Pensar en una mentira es la mejor manera de luchar contra el tedio.

Así me gusta mentir, saltar sobre los bosques de la incertidumbre, contar detalles y ficciones de algo que podría ser verdad, con el mero empacho de que alguien más lo pueda construir. Verdaderamente responder preguntas, me gusta abandonar la verdad para aparentar y aspirar a los milagros de la mentira.

Por ejemplo, hasta la fecha no conozco a una mujer que no suspire por las ficciones que suceden en los besos que no nos damos, eso es mentira, no existe, pero ahora que les cuento me encantaría que fuera verdad.

No engaño, si miento pero no engaño, no es que diga que pasa algo que no pasa, miento cuando digo que pasó algo que podría pasar, y es que mentir hacia el futuro, no es igual que mentir hacia el pasado, el pasado tiene la desventaja de ser inexistente, ya no esta para revisarlo, sólo se tiene una versión de él y probablemente sea mentira, al menos es sesgada; el futuro tiene el inconveniente de ser probable, en cambio el presente por supuesto, es mentira, o en algún momento lo fue, tan improbable, grosero y sarcástico. Como cualquier suspiro indecente en los labios de una mujer impaciente por los labios de algún muchacho mentiroso.

También ésta ese asunto de que siempre escribo pensando que una mujer me va a leer, y eso no lo hago mas que por coqueto, porque para ser honestos, miento para que esa mujer me crea, para que lo crea verdad y al final, yo también lo crea, hacia hasta que sea realidad. No es engaño, es coquetería barata y mentiras finas.

También decidí dedicarme a mentir desde que entendí que bajo la lógica cualquier cosa que sea falsa implica una verdad, tanto como cualquier cosa que hable de sí, las tautologías de la vida cotidiana.

Es decir, como van a creer en este texto que lo escribe un mentiroso. Ciclos tontos, pero, podrían preguntar por mi moral, por la moral de un mentiroso, de un dispuesto a mentir, y bueno, ante eso, repito, no es mejor ni peor que la de un dispuesto a creer. Que es en el fondo lo que hago.

Obviamente todo el texto es mentira.