Sobre el tiempo, no debajo, ni desde algún tiempo, nunca en tiempo, jamás fuera de tiempo, ni dos minutos después, siempre sobre el tiempo, pero nunca dentro de él.
Supongo que la vida en la ciudad es como una furtiva pelea por alcanzar las metas que alguien más ya ha alcanzado, por si acaso se logran en un tiempo mejor, uno se gana el confort social y si se logra por primera vez se pasa a la historia, o al menos a la historia relativa como un hito en los anales de la contundencia, es por eso que hace muchos millones de años, el sol no tiene la menor importancia, desde que el tiempo es preciso, el sol ha dejado de importar para proponer las horas, basta con mirar y creer en el celular o reloj para saber si se está bien o si se está mal, todo a según se ha aconsejado estar.
Llegar tarde implica una falta de respeto para el coautor o actores de la reunión, el que tarde ha llegado ha desperdiciado valiosísimo tiempo que no le pertenecía, se le había supuesto un tiempo predeterminado y ahora sin más decide que cualquier evento imprevisto o asunto que lo obligase a llegar tarde, es más importante que el tiempo de quienes con justa razón se exasperan por aquellas sensación de desperdiciar el recurso más escaso y no renovable del universo, sobre su valor en términos monetarios no quiero profundizar sólo digamos que el tiempo es oro y el oro vale más al paso del tiempo, bueno, entonces ya se está claro no hay que llegar tarde a ninguna reunión acordada, eso sería deseable, así uno no desperdiciara tiempo que no le pertenece, ni gasta lo que bien podría estar haciendo con otros.
El costo de oportunidad del otro y el de uno, es curioso cuando se plantea en términos monetarios, pues a menudo uno se pregunta qué se debe hacer cuando en una reunión uno bien hubiera apreciado más el tiempo en cualquier otra cosa o mejor aun con cualquier otra persona, se imaginan solo por un momento, demandándole a ese ser que nos dejo en el acervo de la soledad, todo el tiempo perdido.
Y justificándolo con el costo de oportunidad expresado con una tasa por ejemplo, el costo de oportunidad de haber gastado tantas horas aprendiendo de sus besos y soportando sus mordidas, desdeñando a excelentes bailarinas para soportar sus pisotones, las noches que uno deja en la alcoba gastando la piel con toda la intención de entregar todo lo demás, luego entonces, uno ahí demandando el costo de lo no aprovechado, esa infame grosería que bien podría en la ruina a cualquier país, si uno pagara un peso por minuto que llega tarde, si uno pagara un peso por cada hora que le hace desperdiciar al otro, si uno pagara lo justo por abandonar al amor de la vida, cuanto debería gastar por no ser sincero, por obedecer a los demás.
Imaginen demandando al traidor-mejor amigo, que se escapó con tu fulana, sumando las horas que le has dedicado a escuchar sus problemas, su síndrome de Edipo, su pésimo gusto por los coches, su chistes agrios y tan sin chiste, compartiendo las borracheras y cafés que le has invitando ayudándolo a vivir tras la tragedia del abandono, tanto presentarle a las amigas de la novia, para que el final sea la novia ”la buena” arreglar ese asunto si saldría caro, deje usted los sentimientos de lado, el tiempo que uno tendrá también que desperdiciar de otros amigos, consiguiendo a otros amigos, la amistad sale cara.
Es claro el costo de oportunidad se llama así, por que las oportunidades, son como buenas y ocasionales pasajeras en el curso de la vida pero basta un momento u otro, un parpadeo para que estas se bajen, y se suban al destino de alguien más, más nos vale no llegar tarde a su encuentro y procurarlas en lo posible, socorrer a los días en su uso adecuado.
el sol es impresindible para la vida, lo triste es cuando no sabe brillar.
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