Pues si, es
fácil acostumbrarse a lo intrínseco en el polvo de todos los siglos acumulado
en el único punto donde nada pasa, se hace intrascendente el paso del tiempo,
es decir si pasa el tiempo pero el tiempo no hace las cosas que hace sobre
otros lugares, no debilita las paredes, ni deslava los colores, no desvanece la
materia, no la transforma, es como si uno aquí de pronto se desmaterializara.
La opacidad
comienza por dentro, te vas haciendo adicto a los buenos días sin miradas de
por medio, te vas acomodando a la invisibilidad de una esquina, de un cubículo,
tus sueños más longevos se limitan a la quincena, a las vacaciones, la playa
como la ultima terminal del paraíso te
merecen una reflexión pasiva de vez en vez.
Todo eso
que se aprendió sobre el quantum y la luz va perdiendo sentido, de pronto todo
es estéril y sin movimiento, hasta la hora de salir a comer, cuando tu el
ejercito de tus compañeros se experimenta esa sensación de libertad, como una
ligera marca de lo que en la primaría era el sonido de timbre indicando la
salida, la libertad, la euforia de los últimos minutos en esa prisión de
señoras gordas y poco educadas que eras las maestras, algo así es esto de ser
un godinez a la hora de comer.
Me gusto, esperaria que se extendiera mas.
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